canciones de mi vida.

La segunda es de niños pequeños. Claro que yo por aquel entonces era una sabandija de medio centímetro. Recuerdo a mi madre cantándola a todas horas con esa voz de madre que canta bien y que se inventa casi siempre las letras.
Me la aprendí pronto y hoy he recordado que mi cerebro todavía no se ha deshecho de ella. Joder, si almacenase datos académicos con igual facilidad...

Supongo que esta canción me gusta porque es sencilla y dice eso tan típico de que las cosas no tienen por qué ser lo que suponemos, que el hábito no hace al monje y que puede haber bondad hasta en el más capullo. Por todo esto y porque todavía quiero quedarme dormida cuando la escucho.


2 comentarios:

enrojecerse dijo...

me encanta tu blog. me encanta.

Lorraine dijo...

Hace tiempo que no escribo. Hace tiempo que no entro. Hace tiempo que no escribes. Porqué?? Se te echa de menos...