veinticuatro

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Al célebre Edmundo siempre me lo imaginé de mediana estatura, delgado y no excesivamente fibrado, de rostro enjuto y tez curtida por las innumerables horas bajo el sol de la platanera. Penetrantes ojos negros, mirada amable y en cierto modo de vaga expresión pícara (de esas que te desnudan sin quitarte la ropa). Unos cuarenta y tres años, hirsutos inicios de una barba castaña agradable sin embargo para besos y arrumacos. Pelo corto y rebelde, no podría ser de otro modo. Manos preciosas de dedos largos y palmas ásperas a causa de las palmas (valga la redundancia).
Imaginaba siempre cómo sería su caminar discreto entre la multitud, jamás sobre horribles zapatillas de tribu en subdesarrollo; su voz ronca de acento falsamente cubano, su dulce manera de tratar a las multitudes de usted; su olor a limpio, a algodón y hierba recién cortada.


Tropezaría un día en el supermercado con Edmundo Mantel (aka mi amadísimo Edmundo). Él pavo sin sal y yo mermelada de grosellas. En conversación casual coincidiríamos en que ambos odiamos los supermercados y dejaríamos las cosas (él el pavo sin sal y yo la mermelada de grosellas) en el primer lugar que encontrásemos (posiblemente al lado del detergente con olor a jabón de Marsella). Escaparíamos del capitalismo para tomarnos juntos una caña, ron Amiche si así lo desea; para hablar animadamente de cuando yo era menor de edad y tenía la sandía llena de pájaros o de ahora que soy medio-persona-medio-médico y ya no tengo pelos en la lengua porque las aves han errado en su camino.
Luego subiríamos a su casa (o a la mía), él que yo soy demasiado joven, yo que cierre la puta boca. Follaríamos agresivos pero sin prisas sobre la alfombra de la entrada,y finalmente me iría sin beso de despedida pero ordenando diese recuerdos de mi parte al señor Ingle. Edmundo todavía jadeante en el suelo.
Después de aquello, seguiríamos tratándonos de usted.

*perversión: Charles Bukowski


6 comentarios:

Edmundo Mantel dijo...

¡¡Demonios!!. Mierda. No escriba usted esas cosas. He estado a punto de morir atragantado por la pipa de un melocotón cuando leía la parte que está entre las palabras: "[...] cierre la puta boca" y "[...] sobre la alfombra de la entrada". Primero me sobrevino un rubor que de fuerte que era casi me revienta el tapón del cráneo, luego me entró una risa que joder, estrujé sin darme cuenta el melocotón y el jugo me resbaló, de manera asquerosa, por toda la muñeca y el antebrazo hasta el codo.


Antes de leer me entretuve un poco en las fotos y pensaba, "joder, este cabrón se parece a Charles Bukowski", y claro, tenía que ser, tenía que ser. Precisamente tengo varios libros de él de los que me quiero desprender, al igual que pienso hacer con el resto de mi biblioteca. Me da pena tirarlos y me da pereza venderlos.

Bueno. He de decir que, para mi sorpresa, en sus imaginaciones ha acertado usted estrepitosamente en aproximadamente un 75%; de la misma manera que ha fallado estrepitosamente en el 25 restante.


Y por supuesto, después de aquello, seguiríamos tratándonos de usted.

Sobre la alfombra. Hay que joderse.

¿Ve?, ¿Ve usted cómo se hace querer?.


Perfectos Saludos.

Tenochtitlán dijo...

Edmundo
envíeme los libros

JOHNNY INGLE dijo...

Sra. Titlan: He estado meditando, un poco por entender el misterio del error de la paloma. Ya he llegado a una conclusión: la paloma tiene cola de plumas, y bajo la cola dos agujeritos, uno para hacer popú, y el otro para quele digan cucurrucucú, paloma.

Pues bien, el error de la paloma fue que quiso hacer el cucurrucucú y erró en el agujero. Entró por el del popú, y la paloma hembra se enojó. A partir de ahí lo que hubo fue un distanciamiento (como es humano y fácil de comprender).

Sr. Mantel: haga como yo con los libros: entréguelos a una entidad en beneficio de los negros. Ellos necesitan de todo. Yo les he dado desde colonias de Loewe hasta libracos de filosofía. Un reloj de Armand Basi, sin pila, etc.

Tenochtitlán dijo...

señor ingle
un reloj de esfera naranja?

Edmundo Mantel dijo...

Con los libros haré lo siguiente: Publicaré una lista en el blog y quien los quiera, se los mando. O eso o los tiro a la basura.

Anoche me desperté a las 4 de la madrugada preguntándome cómo se habrá enterado de lo del pavo sin sal.


Perfectos Saludos.

Borde dijo...

Sr. Mantel, tiene usted razón, yo también me ruboricé, y eso que la cosa no iba conmigo, pero lo de la alfombra me parece inquietante. Sr. Ingle, la paloma sólo tiene un orificio, como todas las aves: la cloaca. Ahí se junta el pipí, el popó y la cosa genital. Lo que me hace pensar lo confuso que debe ser todo para una paloma: ¿diarrea, squirt, demasiada cerveza? No va por usted, Sra. Nush, es más, le sido perdón por entrometerme, pero es lo que suelo hacer: ir a donde no me llaman, y a donde me llaman, no ir.
En cuanto a los libros, a pesar de que cada vez me cuesta más leer, me duele verlos huérfanos. Yo podría adoptar alguno. O acogerlo, incluso.