veintiún

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Anoche me arranqué las entrañas.
Una a una.
Despacio.

Guardé cuidadosamente los pulmones en una caja dorada que sellé con débil lazo azul celeste. Me despedí de ellos con el tórax aún sangrante y mis labios susurraron un adiós bastante pausado. Sacudí el polvo de mi estómago repleto de mariposas y lo besé hasta alcanzar el éxtasis de mis ojos castaños para luego depositarlo en la bolsa de terciopelo naranja que guardaba en el tercer cajón de aquella mesa. Un lepidóptero curioso logró escapar al cardias y se posó osado entre mis piernas, acariciando con sus polvorientas alas la oscuridad de mis perversiones, simple y llanamente sincero.
Les siguieron el tierno bazo, el estúpido páncreas, el enorme hígado, los intestinos vanidosos.
Y por último, él.
Lo arranqué sin miedo a dejar de amar, porque sabía que ya nada malo podía suceder. "Estarás aquí siempre", dijo mi voz ronca mientras me llevaba el dedo índice a la frente. Justo entre las cejas. Arrojé la revoltosa víscera de destino insospechado al fondo del baúl de ébano oscuro y cerré con siete llaves para luego arrojarlas al fondo de un río cercano, no recuerdo cuál.
Ya no lo necesitaba.
Había aprendido a llorar de felicidad.


*pinturas: Egon Schiele

3 comentarios:

Edmundo Mantel dijo...

Divinidad Helios;

Me temo que por mucho que lo esconda, lo encierre bajo siete o mil llaves, él intentará regresar, arrastrándose por las grietas del destino. Siempre querrá volver a ocupar su lugar.

Con respecto al bazo, yo no lo calificaría de tierno, sino que más bien lo haría compartir estupidez con el páncreas, con el agravante de inutilidad.

No ha dicho usted nada de sus riñones, lo que me lleva a pensar si va a ser ahí donde filtra usted sus sentimientos.

Perfectos Saludos.

Tenochtitlán dijo...

amable Edmundo:

ciertamente he obviado a los riñones, por considerarlos órganos realmente mediocres y faltos del decoro necesario para amar

no necesito filtrar los sentimientos
ahora yo misma soy, enteramente, UN sentimiento

eme ce dijo...

Luego escocerá al cicatrizar. Pero no nos engañemos. El cicatrizar de las heridas da gustico.