trec... catorce

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Esta misma mañana me he levantado con la boca llena de cosas por decir. Delante del espejo mi no-pelo ha sugerido que tal vez el destino de mis sentidos no sea otro que pasar vergüenza. Bochorno.  Apabullamiento.  Fue entonces cuando de entre mis dientes salieron hilos informes de plastilina teñida con colorantes naturales. Curcumina. Antocianos. Ácido carmínico. Uno resbaló por el lado izquierdo de mi pecho. El más indiscreto, el más violeta. Se me erizaron tres pelos en la nuca y uno de ellos se ha quedado así desde entonces. La boca seguía regurgitando aquel arcoiris desafortunado y sentí morir en medio de aquella orgía de viva la vida.
Ahora me he encontrado con un pájaro que siempre dice la verdad, y me ha susurrado tras las rodillas que nada importa salvo las imbecilidades que nos hacen temblar.
Y sino, nada.

3 comentarios:

Lördagspunk dijo...

Temblamos por demasiadas imbecilidades y las imbecilidades importantes nó nos importan demasiado.

Alguno todavía temblará al leer este trabalenguas, lo que á mi nó me hinporta en avsoluto.

eme ce dijo...

Me encanta tu pelo y que se te digan cosas detrás de las rodillas.

Txaro dijo...

las personas más autenticas suelen tener un buen cajón de imbecilidadas... y a veces las imbecilidadas resultan encantadoras.